jueves, 25 de octubre de 2007

Gastar mucho es cosa de pocos

Vivimos en un mundo en donde la felicidad y el rango social se miden por las posesiones materiales. Hoy se piensa al slogan “tanto tienes, tanto vales” como el modo de vida aceptado. Los tiempos e incluso los modos de relacionarse de los hombres han cambiado, “todo lo que era generoso ha desaparecido”, se ha convertido en un mundo egoísta, en donde ha desaparecido esa solidaridad y esa comunión que se puede leer en relatos de antaño.
Hoy en día la noción de utilidad es ardua importante superando los límites de la producción y la conservación para entremezclarse en las esferas del placer, se llega al punto en donde es el tiempo el que se gasta o lo que peor aún, el que se pierde, dejando de lado por completo el ser simplemente por el hecho de ser y de transitar por la vida con única condición de sentir. Se ha llegado al punto en el que hasta la lectura es objeto de la utilidad, cuantas veces escuchamos y hasta decimos “esto no lo leo porque no me sirve para nada” (sic), contraponiendo la lectura placentera e intensiva de hace pocos siglos atrás, a la actual lectura utilitaria y extensiva. El mundo admite el derecho de adquirir, de conservar o de consumir racionalmente como la condición sine qua non de vivir, tomando la idea que el gasto es la función social necesaria y por medio de la cual uno “adquiere” felicidad.
Se ha pasado del modo “tradicional” de consumo en el cual era tal en tanto y en cuanto “el uso mínimo necesario para los individuos”, para pasar al modo funcional por el que los llamados “gastos improductivos como el lujo, los juegos, los espectáculos y las artes”, dominan la esfera social, dando cuenta, tal como se dijo con anterioridad, la idea del gasto como función social. “El rango social esta ligado a la posesión de una fortuna, pero aún con la condición de que la fortuna sea parcialmente sacrificada a los gastos sociales improductivos…”
Que los modos de gasto han desencadenado en la lucha de clases no es algo novedoso y menos sorprendente. “El fin de la actividad obrera es producir para vivir, pero el de la actividad patronal es producir para condenar a los productores obreros a una descomunal miseria.” Además de la clara alusión a la diferencia de clase, se desprende de esta frase y es objeto de análisis que la burguesía moderna disimula sus gastos, al contrario que en épocas anteriores, para gastar solo y únicamente para sí, aislándose de los obreros para no ser perturbado y poder así, preservar en su intimidad el uso de la riqueza: Más allá de la inseguridad característica de los últimos tiempos y que es causa de reclusión y preservación de lo material, lo que se pone en juego en este texto es la idea de un sujeto egoísta en tanto el prójimo causada por una diferencia de clases bien marcada y remarcada constantemente.



Todas las citas corresponden a:
Bataille, G. “La noción del gasto” en La parte maldita. Barcelona, editorial Icaria,1987.

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